Raras veces, Excmo. Sr., dedicatoria alguna se elevó como en la ocasión presente, desde modesto nivel á la elevada posición de conspicua personalidad, sin que fuese guiada por interesada mira. Esto, que al fin no fuera de extrañar en España, donde la pluma, bien ó mal manejada, se consideró siempre como patrimonio casi exclusivo del necesitado de bienes de fortuna, no es aplicable á mí en el presente caso. Educado desde muy joven, casi un niño, en la ruda franqueza que con moralidad ejemplar constituye hábito inseparable del soldado, no pretendo con esta dedicatoria el apoyo del hombre superior, cuyos talentos, aquilatados ya en las luchas políticas, le han conquistado posición envidiable en las más altas esferas gubernamentales, sino demostrar así mi afecto respetuoso al militar bizarro, que rodeado de merecidos prestigios y del cariño de sus subordinados constituye una legítima esperanza para el Ejército. Dígnese pues, Excmo. Sr., aceptar este testimonio de respetuosa consideración de su afectísimo subordinado y s.s. q.b.s m. José Nieto Aguilar Prologo Un soneto me manda hacer Violante y en mi vida me he visto en tal aprieto, dijo famoso y notable poeta en no menos famoso y notable soneto. En más grave y verdadero aprieto me veo yo, que no soy famoso ni notable, ni tengo la más remota esperanza de serlo aunque mil años viva y muchas cuartillas emborrone, al encontrarme en el caso de ser prologuista de un libro de indudable mérito, porque el Fénix de los ingenios españoles, aunque otra cosa dijera al escribir el soneto que le mandara hacer Violante, había enriquecido con otros muchos la poesía castellana, y éste será de verdad el primer prólogo del que se reconoce sin facultades para tal empresa. Con aparente razón me argüirás, respetado y querido lector, que cómo y por qué, si me considero sin fuerzas para darle cima, tengo la osadía de pretender ejecutaría; y yo te replicaré humildemente que, considerando que es la más antipática forma de la soberbia y la presunción la intempestiva modestia, virtud que tan pocos tienen y con tantísima frecuencia se falsifica, si hubiera sido un íntimo amigo el que me hubiera solicitado para tal empeño, con la confianza que dá la amistad hubiera rehusado el complacerle, exponiéndole franca y sinceramente mi incompetencia y los perjuicios que á su obra le irrogaría el ir precedida de un prólogo de persona de tan poca autoridad como soy yo; pero se trataba de un escritor meritísimo, según he podido comprobar por la lectura de su obra, que era para mí completamente desconocido, y cuya jerarquía en la milicia, aunque honrosísima, es modesta, y una negativa mía tal vez la hubiese considerado como desdén más bien á la persona que al libro, incurriendo yo, sin pretenderlo, en desconsideración y descortesía. Me precio de pobre de espíritu y no quiero gravar mi alma con tal pecado. Preferí á excusarme con el autor, darte la excusa de lo que pudieras creer osadía, á tí, que por la superioridad que te dá el ser juez inapelable y temido de cuantos escribimos, no resultarás mortificado en tu amor propio; que por ser solicitado con afán, no cabe la posibilidad de que te consideres desdeñado; y que más bien pecas de excesiva benevolencia que de rigor excesivo, puesto que toleras y sustentas, aunque no con esplendidez, á tanto escritor de pacotilla; y hé aquí por qué me encuentras todo medrósico y acongojado ante las dificultades del desempeño del empeño en que me veo metido, sin garantías que puedan valerme en tu juicio. Y ya que del gran Lope de Vega me amparé para dar con buen pié comienzo á mi penosa jornada de hoy, los procedimientos que empleó en su ingeniosísimo soneto he de emplearlos yo en la presente ocasión, con la diferencia de que como el éxito no consiste principalmente en los procedimientos que para obtenerle se ponen en práctica, y sí en la habilidad del que hace uso de ellos, si al eximio poeta le resultó una joya literaria, á mí, prosista pedestre, me saldrá lo que quisiere Dios, á quien con cristiana y católica fe me encomiendo de todas veras. He observado que en los prólogos se suele dar principio explicando de un modo más ó menos indirecto el por qué de ellos, y _birla birlando_, sin darme cuenta de ello, es lo que he hecho en los párrafos anteriores. Preséntase después el autor á los lectores, y aunque por incidencia y de un modo incompleto también, he verificado la presentación, y para completarla diré que su colaboración, buscada con empeño y empleada con utilidad en centros oficiales y por conspícuos personajes políticos que en las cuestiones referentes á nuestras provincias y colonias ultramarinas han entendido y entienden la fácil y frecuente acogida que á artículos suyos sobre estos asuntos y otros concede un importantísimo diario madrileño, y su último libro titulado _Colonización de Filipinas_, de que está agotada la edición, pruebas evidentes y experimentales son de la competencia del autor de este libro en las materias que en él estudia y expone. No busquéis en sus páginas retóricos aliños cuyo objetivo sean rebuscados primores de estilo; Nieto se ciñe á exponer con claridad y concisión, y á razonar con solidez y lógica, y en estos tiempos en que el buen gusto huye como del demonio de las fatigosas ampulosidades de una retórica mal empleada y de impertinentes metáforas é inútiles tropos, y se regocija con la sobriedad del lenguaje, que no está reñida, ni mucho menos, y más bien al contrario, con la elegancia, estas condiciones del autor constituyen un verdadero mérito. Y hé aquí por dónde al completar la presentación de rigor, me he deslizado á dar mi opinión sobre la forma literaria del libro.